sábado, 18 de diciembre de 2010

OP: Tópicos de Andalucía.

Si con trescientos mil pavos se pudiera acabar con los tópicos de Andalucía, cincelados por dos o tres mil años de genuino color local, habría que sacar a Griñán por la puerta grande. Pero se trata de un órdago ilusorio, sin una mínima oportunidad de éxito aunque cuadrupliquen ese presupuesto. Los tópicos no se destierran por decreto, y tampoco con técnicas de publicidad, aunque los magos del marketing sean capaces de modular un puzzle de veinte segundos para proyectar un paisaje al sur de Despeñaperros con trenes de alta velocidad, laboratorios de high-tech y energías limpias de huertos solares y molinos de diseño frente al Mediterráneo entre palacios árabes y olivares hasta el horizonte. La publicidad puede inventar la percepción de la realidad, al menos para vender un perfume como si cada gota fuese el veneno de la pasión al 100x100 o un coche para disfrutar de las carreteras prohibidas del paraíso, pero la realidad sigue ahí. Tan pronto como Andalucía reaparezca en los titulares con los resultados del informe PISA con el telón de fondo de otro show de Los Morancos entre miarmas y omaítas, la estela de ese spot se habrá desvanecido como la huella de un cometa en la oscuridad.
Los tópicos se decantan a través del curso de la Historia; y para deshacerlos hace falta reconducir el curso mismo de la Historia. Desde luego no basta con un buen spot filmado con talento por Bassat (y la elección de esa agencia catalana, importando creatividad, quizá sea la primera mala señal de esta campaña) excepto que sólo se trate de lavar la mala conciencia de los dirigentes andaluces con un espejismo publicitario para engañarse a sí mismos pensando que las cosas no son como realmente son. Si se trata de eso, entonces sí. Debe resultar duro oír a políticos de Cataluña o Madrid hacer ironías de sal gorda hurgando en las heridas, aunque en definitiva Puigcercós o Esperanza Aguirre sólo son un altavoz esperpéntico de los tópicos reales que ayer repiqueteaban masivamente en Internet muy lejos de la retórica oficial. Y ahí es donde duele, no en los trajes de faralaes o la fonética del miarma, sino los rankings económicos, educativos, industriales, culturales, profesionales, tecnológicos o de bienestar. La izquierda puede abandonar el poder después de treinta años con la vergüenza histórica de no haber planteado realmente esa batalla en la política educativa, la cultura oficial o la televisión pública. Por eso se aferran al espejismo de los eslóganes publicitarios. Vender 'Andalucía 10' es una tentación sugestiva, si le quedara alguna mínima credibilidad a toda esa literatura de la California del sur de Europa que se repite como un mantra desde los años ochenta.

Opinión de Teodoro León Gross para Sur.

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