domingo, 1 de marzo de 2015

OP: Esta normalidad tan anormal.

La normalidad es un concepto relativo. En el Polo Norte, normalidad es el termómetro bajo cero; y en el Caribe, la normalidad son veintitantos. En definitiva normalidad es aquello que se ajusta a su estado natural o a unas condiciones establecidas. Claro que también es un hecho cultural. Por eso la normalidad en Suecia es la sociedad igualitaria, pero en Afganistán se practica la humillación de la mujer como normalidad. Y hay otros factores. De ahí que la normalidad en Japón o España es vivir más de ochenta años; pero en Sierra Leona lo normal es no cumplir cincuenta. Para hablar de normalidad necesariamente hay que situarse en un lugar, en un tiempo, en unas circunstancias. Y cuando la presidenta andaluza anunciaba en enero el comienzo de las clases en La Cónsula «con total normalidad» hay que situarse en Andalucía/2015, porque sólo así se puede entender. En ningún otro lugar de España, quizá de Europa occidental, sería normal afirmar que es normal que las clases de una escuela de hostelería excepcional comiencen con cuatro meses de retraso, sin restaurante, sin pagar a los profesores, sin avisar a los alumnos, sin clases prácticas, sin servicio de limpieza de modo que los estudiantes han fregado ellos hasta ponerse en huelga indefinida. De hecho en cualquier otro lugar esto sería considerado un fracaso bananero de una ineficacia tercermundista, un espectáculo inmoral de la administración con los recursos públicos, en definitiva cualquier cosa menos normal. En Andalucía, en cambio, para la presidenta es, sin más, 'la normalidad'.

Este es un asunto bastante simple: lo que no se puede entender en un lugar, en otro sí. Y si la vergüenza de La Cónsula puede calificarse aquí de 'normalidad', quizá se entienda mejor que en Andalucía se haya llegado a asimilar que es normal ocupar el furgón de cola en casi todos los rankings. Que la normalidad es que haya un desempleo del 34%, más incluso que Ceuta y Melilla. En País Vasco o Navarra está en la mitad, pero allí, porque aquí un 34% es normal, y toca resignarse. También la normalidad es que en la tabla de médicos por habitante, de la que suele presumir la presidenta, Andalucía sólo supere a Melilla. En la reserva espiritual del Estado del Bienestar, de hecho, el gasto para atención a gente sin hogar es crítico, menos de la mitad del promedio en España. Otra de nuestras normalidades. Y que la comunidad menos desarrollada, bajo el 75% del PIB per cápita nacional, sea la comunidad con más impuestos, y que paga más por sus impuestos. Y que los escándalos con fondos para el empleo no hayan tumbado al gabinete. También eso es aquí la normalidad. Tal vez por eso esta comunidad, refractaria a la crítica desde sus complacencias narcisistas, sea inmune a la alternancia política. Y especialmente esta semana, en víspera del 28F, la normalidad es proclamar ¡Viva Andalucía!

Opinión de Teodoro León Gross para el diario Sur

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