martes, 16 de noviembre de 2010

OP: La gran cajada.

La gran caja andaluza ha sido uno de los grandes fetiches políticos de la década; la letanía repetida de un futuro mejor. Y tras diez años de errores, propaganda, localismo, mentiras, deslealtades, trampas, intervencionismo, espionaje, consignas, maquinaciones, pleitos... ahora ya no queda nada. Sólo este retablo demoledor de la realidad andaluza. La gran caja se ha quedado en una gran cajada, con jota juanrramoniana para aliviar el olor del desastre.

Como los negritos de Agatha Christie, las cajas fueron cayendo una tras otra. Primero fue La General, antes mediterránea que sumisa; después Cajasur, a manos vascas; ahora Cajasol, con cualquiera, hasta quedar Unicaja, calificada por Moody's como segunda mejor caja del país, sin alianza. El localismo ha sido la gangrena corrosiva. Primero Granada sacó pecho negándose al menor mestizaje de sus intereses; después el orgullo cordobés hasta el suicido de la entidad, más tarde Sevilla con la condición de sede o nada, ninguna aceptó el liderazgo desde Málaga. Y la clase política, que hasta ese momento solía referirse a Málaga como capital económica de Andalucía, no tuvo el menor coraje para contener esa marea. Cuando tocaba dar la cara, se escondieron acojonados ante la furia de los localismos. Para el PSOE como para el PP, la capitalidad económica de Málaga ha sido mera retórica electoralista.

Griñán ahora culpa al PP. Le toca un triste papelón. Aunque en parte sea cierto, puesto que Arenas abanderó deslealmente la estrategia suicida de Cajasur, se trata de un fracaso político del gobierno socialista y al final de Andalucía. Griñán pudo rechazar 'la gran caja' del legado Chaves, pero no lo hizo, de modo que éste es también un fracaso personal suyo al frente de quienes gobiernan la comunidad desde hace tres décadas. Y ya sólo queda esa instantánea devastadora: una región de taifas desvertebradas por la desconfianza después de treinta años de intervencionismo centralista que ha fracasado en la convergencia europea, el lastre del millón de parados y ni siquiera con fuerza para hacer política territorial como las grandes comunidades. No sólo se ha perdido el proyecto de la gran caja andaluza; se ha perdido la penúltima oportunidad de creer en todo esto. O quizá ya la última.

Desde hace meses, el Gobierno andaluz consideraba irreversible esta fusión. Ahora aseguran que desde hace meses habían descartado la fusión. Tal vez mentían entonces. Tal vez mientan ahora. Tal vez han mentido siempre. O tal vez no se trata de mentiras, sino de un verdadero descontrol. Y la imagen del descontrol suele ser en política, como les adoctrinaba Zarrías, un pecado más imperdonable que la mentira. Es otro golpe; y cada golpe está más cerca de la puntilla.

Opinión de Teodoro León Gross para Sur.

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