viernes, 5 de noviembre de 2010

OP: La Junta tira Málaga.

Basta con la síntesis del titular: Málaga a la cola de los presupuestos de Andalucía. Es el mismo titular repetido año tras año. Ya incluso parece un fenómeno natural del calendario, como las avefrías o las castañas, que también reaparecen por estas fechas invariablemente. Así que otro año más ahí está el titular de todos los años: Málaga, a la cola del presupuesto per cápita. Los rivales ni siquiera tienen que hacer oposición con titulares envenenados o interpretaciones cáusticas. Les basta con ese dato. No hay nada más letal. Los adjetivos pueden ser corrosivos o los argumentos demoledores, pero un dato es como una cuchillada fría. Se clava inmisericorde. Y aunque el cálculo per cápita pueda no ser el mejor criterio metodológico, estos detalles técnicos ya no interesan a nadie. En todo caso, la Junta se contradice escandalosamente cuando defiende un equilibrio presupuestario por población, pero no en Málaga. Así ocurre año tras año, y seguirá ocurriendo salvo un golpe radical de timón, porque ese diferencial no se corrige con retoques anuales. Esto es dinamita electoral, con la Junta ya apenas sin crédito. Ningún reproche a la mala gestión del Ayuntamiento puede ser equiparable al efecto abrasivo de todo esto. No se trata de una gestión discutible, sino un maltrato sistematizado a un territorio. Ese tumor vuela sobre la metástasis del agravio.

La Junta se ha quedado sin recursos para contrarrestar esto. Nadie va a dejarse cautivar por los cantos de sirena de la propaganda del metro, el patrimonio del bienestar, las ruedas de prensa complacientes, los nombres propios de prestigio incorruptible. Al final los números definen la realidad con exactitud implacable. Y estos presupuestos ni siquiera incluyen el tren litoral, la gran promesa socialista de la década, fetiche ya en 2000 y 2004 y 2008. Todo un símbolo. A estas alturas tampoco van a colar otros cebos, sea el macrohospital o el saneamiento o Arraijanal o carretera de Cádiz. Las palabras ya no valen; se trata de pasta. Así que la Junta quizá pueda salvar otros territorios a pesar del clima actual de un régimen en descomposición, pero no Málaga, no con esos presupuestos. Ya no se trata de interpretaciones partidistas tendenciosas, sino de datos presupuestarios demoledores. Y no es necesario recurrir a la teoría ridícula del odio genético del PSOE a Málaga; parece tratarse de algo más simple aunque igualmente devastador: la Junta renunció a Málaga hace tiempo, cediéndosela al PP, y su gestión aquí es de piloto automático, con la excepción del Turismo que da oxígeno a la economía regional. No hay otra. A la izquierda en Málaga le toca asistir impotente a los efectos de esa estrategia diseñada por los cabezas de huevo de Sevilla.

Opinión de Teodoro León Gross para Sur.

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