lunes, 8 de febrero de 2010

OP: El despacho de Griñán.

Griñán ya ha abierto su despacho en Málaga. Ocurrió el viernes aunque es algo que anunció el 20 de abril de 2009, de modo que ha necesitado diez meses para cumplir el compromiso. Las cosas de palacio van muy despacio. Quizá su decorador sea uno de esos artistas con ataques crónicos de ansiedad que de repente desmantelan todo y vuelven a empezar de cero; quizá el propio Griñán es un tipo caprichoso que ha estado meses y meses rechazando propuestas hasta que el diseño sintetizara exactamente su sensibilidad; o quizá sencillamente el presidente de la Junta no se ha tomado ninguna prisa; en definitiva ha tardado doscientos noventa días en abrir ese despacho al que anunció que vendría cada dos semanas desde su toma de posesión en abril. Y a pesar de todo, Griñán ha presentado su oficina mostrándose muy contento. Eso sí, no se sabe por qué está tan contento.
Nada más abrir el despacho de Málaga, Griñán ha proclamado «ya estoy aquí», como Tarradellas a su regreso del exilio. La frase parece un 'lapsus lingue' freudiano, una de esas declaraciones que desnudan involuntariamente el subconsciente. Si Griñán ha enfatizado que ya está en Málaga es porque sabe que durante los últimos diez meses realmente no ha estado atendiendo a Málaga. Parece un efluvio de mala conciencia. En todo caso, su planteamiento resulta bastante absurdo: los presidentes no necesitan tener un despacho en cada lugar para ocuparse de ese lugar; sólo necesitan voluntad política. Ese es el quid. Si la Junta ha dado un trato agraviante a Málaga no es porque hubiera o no un despacho presidencial aquí, sino por falta de voluntad política. Por demás, tardar diez meses en abrir ese despacho tampoco favorece precisamente el optimismo.
Quizá Griñán esperaba ahora una reacción de júbilo en Málaga por la noticia del despacho. Del autismo de los mandatarios se puede esperar todo. Pero esta sociedad está demasiado escarmentada por décadas de decepciones con la Junta como para echarse a la calle a festejar un despachito como si se tratara de un título de Liga. En definitiva, aquí se entenderá que Griñán 'ya está' en Málaga cuando se desbloqueen los fondos europeos, no por abrirse un despacho; se entenderá que Griñán 'ya está' en Málaga cuando se apruebe el Plan General, no por abrirse un despacho; se entenderá que Griñán 'ya está' en Málaga cuando saque adelante el macrohospital, no por abrirse un despacho aquí; y el saneamiento, la reforestación. En definitiva, hechos, no despachos.
Después de tardar doscientos noventa días sólo para abrir esa oficina, no hay precisamente muchas razones para creer en un cambio del modelo centralista. El propio Griñán ha desactivado el efecto simbólico de su despacho en Málaga.

Artículo de opinión de Teodoro León Gross para Sur.

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