viernes, 5 de marzo de 2010

OP: El símbolo caído > la A-92.

La construcción de la A-92 se convirtió en los años ochenta en un símbolo fundacional de la autonomía y realmente ha acabado por ser, con el tiempo, todo un símbolo de ésta. Desde los escándalos a los socavones, las sombras de esta carretera son también las sombras del sistema. Todo empezó para la A-92 como el propio modelo autonómico: tomando decisiones equivocadas. El entusiasmo político se antepuso a la razón, y ya entonces afloró arrolladoramente la casta burocrática de los técnicos de carnet que se hicieron con el control de la Junta y desde los despachos de Sevilla a menudo han decidido el diseño de Andalucía -con la A92 como con el centralismo hidrológico o el urbanismo- imponiéndose a unos jefes políticos con poca personalidad o con pocas ideas. Esos técnicos optaron por una solución que ya entonces desaconsejaban las ingenierías avanzadas: hacer la autovía sobre la carretera vieja, aprovechando ésta como una de sus dos calzadas. Eso supuso que la carretera nueva heredase todos los males de la carretera antigua. Y así ha sido, como tantas cosas en la autonomía. Pero aún peor ha ido cuando, en lugar de repetir los viejos errores, crearon los suyos propios. Ahí está el socavón de esta semana: la carretera al parecer nunca debió discurrir por ese terreno desaconsejable, y de hecho unas lluvias intensas, pero no precisamente devastadoras, le han destapado las vergüenzas. Ya se trate de vicios ocultos o no tan ocultos, esto no debió ocurrir. Las malas decisiones han dejado defectos estructurales para siempre en la A92. Eso sí, se inauguró con todo un despliegue retórico -la columna vertebral de Andalucía, la médula de la autonomía, la arteria del futuro, la ruta de la cohesión- sin pudor por la irrealidad. Todo un símbolo de esta autonomía.
La A-92 es, a estas alturas, una carretera que funciona pero funciona mal. Desde el firme a las conexiones. Resulta incómodo decir estas cosas, pero es así. La complacencia resulta más agradable, pero ¡qué demonios! cualquier región europea tiene una gran carretera medular de dos o tres carriles y la UE ha proporcionado suficientes fondos a Andalucía como para haber contado aquí con una obra de primera. Sin embargo, se hizo mal. No hay que interrogar a Dios por la A-92, sino a sus responsables. Y este socavón les interpela de nuevo. Por supuesto, ya han tranquilizado a la ciudadanía anunciando que todo se solucionará en unos meses molestos con mil millones que serán dos mil. Esto es lo mejor, como en el reasfaltado costosísimo que se ha hecho para reparar la pésima elección inicial de materiales baratos, pero ¡será por dinero! Las autonomías, que ya han succionado la mitad del presupuesto nacional, disponen de mucha pólvora para tapar los desastres.

Artículo de opinión de Teodoro León Gros para Sur.

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